5 de agosto de 2009

Descubren en Navarra el mapa más antiguo de Europa Occidental


A veces la Arqueología escribe recto con renglones torcidos o, mejor, a veces la insistencia de un equipo de investigación logra desentrañar misterios que hasta ese momento parecían insondables. Un equipo de investigadores aragoneses acaba de dar a conocer que una de las piedras grabadas que encontró hace años en las excavaciones de la cueva navarra de Abauntz contiene el mapa más antiguo de toda Europa Occidental, realizado hace 13.660 años. El descubrimiento acaba de ser publicado por la revista 'Journal of Human Evolution', la más prestigiosa del sector, la que ha dado a conocer la mayor parte de los hallazgos de Atapuerca y la que somete a todos los artículos que publica a un escrutinio más duro. Y ello ha hecho que la noticia haya empezado a dar la vuelta al mundo. Publicaciones de todo tipo, desde las dedicadas a la investigación más especializada hasta las de divulgación científica, como 'Geo', preparan ya artículos sobre el hallazgo. "No sé si me van a dejar tener vacaciones este año", bromea satisfecha Pilar Utrilla, catedrática de Prehistoria de la Universidad de Zaragoza. El descubrimiento ha sido posible, sobre todo, gracias al tesón del equipo investigador, que en los últimos 15 años, aunque ha desarrollado otros trabajos, no ha cesado en su esfuerzo por encontrar un sentido a los trazos misteriosos que descubrió en una piedra. El que desde el pasado día 21, fecha en que fue publicado el artículo de 'Journal of Human Evolution' es el mapa más antiguo de Europa Occidental, está grabado en una piedra de 17,5 centímetros de longitud, 10 de anchura y 5,4 de espesor máximo, con un peso de 947 gramos. La piedra fue descubierta en 1993 en la cueva navarra de Abauntz, donde han aparecido otras con grabados, y en los últimos años el equipo de investigación ha publicado varios trabajos sobre la decoración de esas piedras, e incluso ha señalado, como ocurrió en el Congreso de Lieja de 2001, que en alguna de ellas existe la representación no solo de animales, sino también de algún elemento paisajístico. Hasta ahí, todo normal. Lo excepcional surge cuando el equipo ha logrado demostrar que lo que se grabó en una de esas piedras no fue una representación del paisaje sin más, sino un mapa, un croquis en el que se plasmó casi fielmente un espacio geográfico. Y se hizo con una finalidad concreta. Las dos caras de la piedra están llenas de líneas incisas y, aunque algunas son de fácil identificación (las que representan animales), el resto es un universo de trazos en los que los arqueólogos llevan sumergiéndose durante años intentando descubrir su finalidad. En una de las caras está representado un gran ciervo y dos pequeños renos o terneros. Superpuestas, se encuentran una serie de líneas que ya tienen interpretación. "Es un croquis, un mapa -subraya Pilar Utrilla-. Nos ha costado descifrarlo pero creemos que no hay duda posible. Quien lo hizo plasmó en la piedra ríos que van y que vienen, la montaña que hay justo enfrente de la cueva, y que actualmente se llama de San Gregorio, los afluentes que recibe el río y los animales que hay en la zona. Representó el paisaje concreto que se ve desde la cueva y una serie de signos ojivales a los que parecen llegar senderos". Unos signos clave La interpretación de esos signos ojivales inmersos en el croquis está abierta, pero quizá sea la clave de todo. "No podemos saber a ciencia cierta qué significan -subraya Pilar Utrilla-, pero está claro que tenían importancia para los hombres que poblaron la cueva. Quizá eran zonas adonde iban a recoger setas, o huevos de pájaros, o sílex para elaborar sus herramientas. No parece que la piedra tenga ningún sentido religioso. Parece más bien un croquis, un mapa realizado allí y que dejaron también allí quizá para acordarse de algo en una nueva visita. Marcaron en el mapa una serie de puntos que querían recordar más adelante. Hay que tener en cuenta que la gente que pobló la cueva en el momento en que se grabaron esas piedras venía de la vertiente norte del Pirineo, en la zona de Aquitania. Lo hemos descubierto porque trajeron con ellos pieles de antílope saiga, que no se ha documentado en la Península". Los dibujos demuestran que su autor tenía sentido de la perspectiva. Otra posible interpretación es que fuera el dibujo de un relato, que un pequeño grupo de cazadores, mientras habitaba la cueva en sus labores de ojeo, entretuviera la espera relatándose sus hazañas. Y que uno de ellos, especialmente dotado para el dibujo, grabara en la piedra uno de sus relatos. En cualquier caso, el mapa está ahí. Apareció en el mismo nivel arqueológico que otra piedra que llevaba carbón adosado, y por eso se ha podido fechar con exactitud: tiene 13.660 años de antigüedad, en fechas calibradas. "En toda Europa occidental no hay nada igual -concluye Pilar Utrilla-. Tan solo en Europa Central, en la antigua Checoslovaquia, se han encontrado grabados en hueso similares a los de la cueva navarra".
Fuente: Heraldo.es

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